Afinación

Si tocás sin cinta en el diapasón y no sabés si el dedo está en el lugar correcto, esto es para vos. No es un problema de oído. Es que nunca te enseñaron un sistema.

Afinar el instrumento no es lo mismo que tocar afinado

Si usás cinta en el diapasón, quiero sacarte una culpa de encima antes de seguir: no estás haciendo trampa. El problema no es moral. Es otro.

La cinta te resuelve el síntoma de hoy — dónde apoyo el dedo en este momento puntual —, pero no construye la habilidad que en realidad necesitás: tocar afinado sin mirar nada. Afinar el instrumento es ajustar las clavijas para que las cuerdas al aire suenen a la altura correcta, y eso se hace una vez. Tocar afinado es otra cosa completamente distinta: es la habilidad de encontrar cada nota pisada, todo el tiempo, en relación con lo que estás escuchando.

El problema de fondo con la cinta es que entrena exactamente el sentido que no vas a necesitar cuando toques de verdad. En algún momento vas a tener que levantar la vista de ahí — para leer una partitura, para mirar a un director, o simplemente para tocar con los ojos cerrados una frase que sentís.

Probalo vos mismo

No es trampa. Es otro problema.

El sistema de referencias, no de memoria

Lo que reemplaza a la cinta no es memorizar posiciones con la vista. Es un sistema de referencias — algo que te diga, siempre, en relación a qué se afina cada nota. Este sistema viene de la pedagogía clásica del violín, y es más simple de lo que parece.

La base son las cuatro cuerdas al aire: Sol, Re, La y Mi. Todo lo demás se mide a partir de ellas. Las notas con sostenido se afinan un poquito hacia arriba, en relación a la nota natural de arriba — un Do sostenido, por ejemplo, tira hacia el Re. Las notas con bemol hacen lo contrario: se afinan hacia abajo.

Y quedan tres notas que no son cuerdas al aire, ni sostenidos, ni bemoles: Do, Si y Fa. Cada una tiene su propia referencia — el Do se mide como una cuarta justa por encima del Sol al aire, el Si funciona como sensible del Do, y el Fa, como sensible del Mi.

El afinador que ya tenés incorporado

Ahora la parte que reemplaza a la cinta de verdad: cómo confirmás que estás en el lugar correcto, sin mirar el diapasón. El violín tiene su propio mecanismo de verificación, visual y auditivo a la vez, así que no necesitás oído absoluto ni afinador electrónico para usarlo.

Cuando pisás una nota que coincide con una cuerda al aire y esa nota está perfectamente afinada, la cuerda al aire correspondiente empieza a vibrar sola, por simpatía. Podés verla y escucharla al mismo tiempo. Cuando te corrés apenas, aunque sea un milímetro, deja de vibrar. Ese es tu afinador, y está ahí, en el instrumento, todo el tiempo.

Cómo se llama

Se llama vibración simpática, o como me gusta decirle, "vibración por simpatía". En primera posición podés chequear seis referencias: tres en unísono, con el cuarto dedo, y tres en su octava superior, con el tercero.

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En resumen

  • La cinta no es trampa, pero tampoco resuelve el problema real: entrena el ojo en vez del oído.
  • Cada nota se afina en relación a otra — sostenidos hacia arriba, bemoles hacia abajo, y Do, Si y Fa con su propia referencia.
  • El violín te da la confirmación solo, a través de la vibración por simpatía. Tu mejor herramienta de trabajo es el oído.

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